viernes, 27 de octubre de 2023

Tratas del IPHONE

Como podría escribir mi vida en México, si cada segundo, cada hora, cada día, sientes que se te aprieta el corazón por ciertas razones que no sabes muy bien si ese corazón palpita para morir o incluso vivir o morir matando. Todo comienza con una fiesta para conocernos mejor en la residencia en la que vivimos. Al parecer todo se dirigía a una reunión calmada que acabo tomando media caja de cervezas mientas se juega al Yo NUNCA NUNCA... como europea es un desmadre, te matas a ti misma pensando que lo que te han vendido como que hacerse trenzas en la playa es algo típico mexicano y solo se trata de algo para guiris como yo, que comer tiburón en la playa es normal, o que es simple hecho de ser extranjera y para los mexicanos no tiene nada de tradición simplemente una estafa por no ser de la región. Finalmente llega el compi de batallas e invita a jugar con Mezcal y acaba en un pedal, que termina saliendo el sol. Bajo al salón a desayunar y bummm alguien que no ha venido a la fiesta, se ha ido a otra y ha perdido su móvil en el Uber. Todo empieza en subirse al tren ligero dirección a Xochimilco. Tres pendejos vagabundos de resacón en busca del iPhone. Llegamos al lugar y justo pasa la policía, le hago señas y me dirijo contarles el caso que la ubicación de su teléfono está en ese lugar, con los de la casa, dan acceso incluso a dejarnos pasar, pero al parecer no tenía pinta de estar ahí. La sorpresa es que no sabes nada de ese lugar, pero se acaba convirtiendo en un percal monumental, debido a que una vez que se va la policía caminamos durante horas por esa calle hacía las dos direcciones buscando alguna señal que nos pueda dar alguna pista. El compañero de nuestra casa nos describe como es el hombre del Uber que se ha llevado el teléfono, es un hombre de estatura media, color de piel morena y sobre todo el distintivo importante es que no tenía una parte de su brazo, el coche era rojo, pequeño y con la característica peculiar que la manilla de la puerta abría más arriba de lo normal. Tras esa descripción seguimos en la búsqueda hasta que damos con el vehículo, y era justo al lado de la primera casa y nos damos cuenta de que era porque se unían sus huertas por detrás. Procedemos a timbrar en la casa, sale una mujer por la ventana, esperemos un buen rato, y listo, damos con la descripción del hombre sin brazo. Nos abre el coche que estaba aparcado en la puerta y nos dice que revisemos, evidentemente no está, porque la ubicación del iPhone es en la casa, no en el coche, nos vacila. Procedemos a llamar a la Policía, pero finalmente nunca llega, lo grabamos, le decimos de todo, que está denunciado, que en la casa en la que vivimos se ve como en la puerta de la casa recoge el móvil después de limpiar delante de la puerta el coche. Cuánto dinero quiere para entregar el teléfono y nos dan como las cinco de la tarde y sin el teléfono nos regresamos a la casa. Al día siguiente llaman indicando que quieren una recompensa, se le indica que nos lo entregarán en la Universidad, finalmente así es, alado del Oxxo. Nos dirigimos mi amiga y yo hacia allí, con un táser en mi bolsillo, sin que la policía nos ampare, indicando que la ley no está de nuestra parte porque estamos aceptando un soborno, por lo tanto, era eso o no tener el teléfono. Finalmente, llegamos allí. Aparecen dos señores, las pintas eran de asustar. Pues como una película de terror a las 3 de la tarde en una Universidad de prestigio, pero sus calles dejan mucho que desear, además de que ni la propia seguridad de la Universidad podía hacer nada al ser fuera del recinto. Armarse de valor hasta llegar allí y ver que estaban justo en una esquina donde no grababan las cámaras del supermercado, además de llevar gorras. Uno era más gordito y parecía que le faltaba un hervor, porque ni hablaba normal, por la contra el otro delgado y como si de un drogadicto se tratara. Mis manos estaban como cual guardaespaldas mientras nos enseñan el teléfono y no lo entregan hasta que mi amiga saca el dinero de su bolsillo y yo mis manos del táser, porque me miraba con cara desafiante como que iba armada. Pues así era, mi deseo de querer matar por una injusticia como tal. Llega el momento de dar el dinero y entregar el teléfono segundos eternos donde esas manos se cruzaban agarrando los dos mutuamente el dinero. Finalmente lo entregan y aún vacila el piche drogado, hay que tener más cuidado jajaja… Aish... esa angustia de caminar rápido sin mirar atrás para que nos dejaran en paz y correr a la Universidad a seguir con la clase. En mi mente solo pensaba que acabaríamos muriendo por un pinche.

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